Cuando una mamá, como es mi caso, odia el coche, tiene una serie de consecuencias...... ir andando a la mayoría de los sitios o el transporte público.
Si vas sola no hay problema, pero llevar a tu lado a gente menudita......., la mejor opción es usar el carro como una extensión de tu propio cuerpo, tanto que cuando no es asi, tienes la sensación de que vas a perder el equilibrio, que tus pasos son los de un pato mareado o que te encuentres en la cola del super acunando el carro de la compra.
Lógicamente ya han pasado varios modelos por mis manos, y ahora, en la recta final de su uso, necesitaba uno lo mas ligero y sencillo, para poder moverme con total libertad y comodidad sobre todo a la hora de utilizar los autobuses.
El desgaste, podeis imaginar, es bastante alto y con el transcurso de los meses, la silla estaba indecente, sobre todo, porque algunos de estos modelos tan simples no suelen ser desenfundables y los bebes encantadores pasan a ser pequeñajos devora galletas, escaladores con zapatos areneros que hacen peligrar la integridad de la mejor funda que haya en el mercado, y este era el aspecto que presentaba.


Así que haciendo honor al nombre de mi blog, desarmé la funda ( venía atornillada a la silla) y utilicé las diferentes piezas como patrones.
La capota fue bastante fácil, pero ainsss en la silla casi meto la pata, metí tijera eliminando una parte que creía inservible y me encontre que la posición para bajarla en caso de que la peque se durmiera....... si se bajaba, pero hasta el nivel de que la cabeza estaba por debajo del nivel de los pies, vamos, solo servible en caso de lipotimia.
Menos mal que mi marido me dió la solución ideal, aprovechamos dos tiras de nylon que hicieran la función de sujetar la silla hasta el nivel adecuado y...... e voila,
silla casi nueva y en espera de hacer una bolsita a juego para que mi gorda vaya hecha todo un potosí.
La tela es en rosa con topitos blanco, ya acolchadita y lista para quitarla sin problemas y lavarla las veces que haga falta.